Porque fracasan las relaciones

Porque fracasan las relaciones

Carlos y María llevan casi 10 años de relación, con apenas 18 años comenzaron a salir juntos y juntos llegaron al altar 4 años después repletos de ilusión, Proyectos, besos y caricias correspondidas….. A los 18 años piensas que el amor es así siempre, chispeante, vivaz, alocado y a los 22 te casas pensando que siempre amaras y te amaran…

Pero la vida tiene sus propios planes y el pasar de los días, el trabajo, los problemas, son su mano ejecutora.  Carlos llego a casa a las diez menos cuarto y se encendió un cigarrillo, diez minutos más tarde llego María. Traía esa mirada que ya te adelanta lo que viene a continuación…”-Cariño, tenemos que hablar. Esto no funciona”-

¿Qué pasó en estos diez años? ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Unos simples gestos que dejamos de dar, de hacer, de recibir…

-Dejamos de darnos afecto.

El reconocimiento hacia el otro, mostrarle nuestra admiración por lo que hace (ya sea por los éxitos que consigue o por el esfuerzo que hace para llegar un poquito más arriba o seguir avanzando), hacerle saber lo que sentimos hacia él/ella a menudo, que sepa el deseo o la pasión que nos despierta y demostrárselo en nuestra intimidad, etc. Todo esto son caricias afectivas imprescindibles para mantener vivo el latido de nuestra relación.

 

-Dejamos de escuchar al otro.

Puede que haga tiempo que nos está reclamando atención, afecto o ayuda y ni tan solo nos hayamos dado cuenta. Se encuentra solo/a a pesar de tenernos a su lado. Estos son los casos en los que con más frecuencia aparece una tercera persona. No debemos olvidar nunca que hay que escuchar a nuestra pareja, hay que escucharle cuando habla y cuando no habla. Siempre nos estamos comunicando, constantemente. Si dejamos de hacerlo, la relación empieza a desaparecer y perdemos la amistad que en algún momento nos acercó tanto.

 

-Dejamos de construir.

 En toda relación siempre hay que estar construyendo. Tenemos que construir juntos, a la misma velocidad y tener claro que vamos hacia la misma dirección. Puede que en algún momento uno tenga que coger el timón porque el otro está pasando por un proceso complicado, pero es básico que nunca lo suelten. Si eso pasa, al final el que estaba tirando se acaba cansando y también lo suelta. Ya no tiene sentido y la relación desaparece.

 

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