Superar la soledad

Superar la soledad

El sentimiento de soledad permanente es una constante en la vida de muchos individuos. Aunque estemos permanentemente ocupados en nuestro trabajo, con nuestra familia, y llenemos todo nuestro tiempo con cosas reales o imaginarias (como por ejemplo, preocupándonos por un futuro tan incierto como impredecible) nos sentimos vacíos con frecuencia. Tratamos de no tener ni un minuto libre durante el día y de caer rendidos en la noche para evitar conectarnos con nuestras emociones y nuestra propia intimidad. ¿Qué pasaría si nos enfrentáramos a ellas? ¿Qué descubriríamos? ¿A qué le tememos?

Cuando nos sentimos profundamente solos en la intimidad de nuestro ser, suponemos que no contaremos con la entereza interna para convivir con lo que provoca ese vacío. ¡Claro que la tenemos! ¡Somos seres humanos suficientes, con un potencial a desarrollar esperando ser descubierto! Tenemos dentro de nosotros todos los recursos necesarios para dar la cara a las situaciones que se nos presenten, o que se nos presentaron. Podemos gozar de una vida equilibrada y satisfactoria, sin la necesidad de caer en conductas indeseables que hasta ahora hemos asumido como propias.

No permitas que nadie te menoscabe, ni en persona ni mediante el recuerdo de lo que te han dicho. Trata de cambiar esas palabras dentro de tu mente una sola vez y verás cómo te sientes. La idea es que asumas esta actitud cada vez que se te presente una situación similar. Ponte en tercera posición las primeras veces, si lo consideras necesario, hasta que te acostumbres al mecanismo y se transforme en una competencia inconsciente.

Sigue conectándote con tu soledad, ¿salen a la superficie hechos del pasado? ¿Imágenes, voces, lugares, personas? Aunque no estén muy nítidos o pasen delante de ti como una película, igual vas por buen camino. Déjame recordarte que todo eso es cosa del pasado, y es hora de dejarlo partir, con amor, para poder situarte en el presente, aquí y ahora. Pasa a tercera posición, la del observador, y míralos como detrás de un vidrio, por última vez. Respira hondo y salúdalos, lentamente, tuvieron un lugar importante en tu vida hasta hace unos minutos y ha llegado la hora de liberarlos. Eres una persona completa y suficiente y ya no necesitas vivir y revivir esos hechos que te aíslan de este momento, tienes a tu disposición lo necesario y suficiente para manejarte con soltura en el presente.

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